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En medio de un clima de profundo fervor, y con ocasión de celebrarse el 202° Aniversario de la Independencia del Perú, los fieles piuranos participaron de la Santa Misa y Te Deum en la Basílica Catedral de nuestra ciudad, donde ofrecieron sus plegarias y súplicas por el país. La celebración eucarística estuvo presidida por nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., y fue concelebrada por el R.P. José Sandoval Purizaca, Párroco de la Parroquia San Miguel Arcángel, el R.P. Junior Chávez Roa, Vicario Parroquial, así como por el R.P. Wilfredo Gonza Calderón y el R.P. Felizardo Arrascue Vega, Capellanes del Ejército y de la Fuerza Aérea respectivamente, en nuestra Arquidiócesis. También se contó con la asistencia de las más altas autoridades políticas, civiles, militares, diplomáticas y universitarias de la Región, presididas por el Dr. Luis Ernesto Neyra León, Gobernador Regional de Piura y el General de División EP Marcos Alberto Rodríguez Monge, Comandante General de la Primera División de Ejército y Comandante del Comando Operacional del Norte, así como de los miembros de las Asociaciones Cívico Patrióticas de nuestra ciudad.
Al finalizar la Santa Misa con gran júbilo y expresando gran amor por el Perú, todos los presentes entonaron a viva voz el Himno Te Deum y las sagradas notas de nuestro Himno Nacional, acompañados por la Banda de Músicos de la Fuerza Aérea del Perú.
Es la hora de fomentar la paz y la reconciliación.
Durante su homilía, nuestro Arzobispo destacó que: “A comienzos de este año, hemos sido testigos de deplorables hechos de violencia, principalmente acaecidos en el sur del Perú, que trajeron como dolorosa consecuencia la innecesaria y absurda muerte de más de 60 compatriotas entre civiles, militares y policías, enlutando, en su gran mayoría, a hogares muy humildes. A ello se sumó la irracional destrucción de muchos bienes públicos y privados, lo cual hunde al país, en un mayor atraso y pobreza. Con ocasión de este nuevo aniversario de nuestra Independencia, queremos señalar que se hace imperioso superar en el Perú la dinámica del odio, alentada por los enemigos de la Patria, presentes, sobre todo, en el terrorismo, el narcotráfico, la minería ilegal, y el contrabando. Se hace urgente desterrar la violencia, que a nada conduce, porque la violencia es la madre de todas las pobrezas, tanto de la material, como de la espiritual, y es una gran depredadora de vidas y almas. Es hora, más bien, de fomentar la paz y la reconciliación (ver Rom 14, 19), porque todos somos peruanos, todos somos hermanos, y habitamos esta hermosa tierra que llamamos Perú”.
El Perú, es una sola cultura con diversidad de expresiones.
Monseñor Eguren recalcó que: “El Perú es una sola cultura, forjada al calor del anuncio del Evangelio, con diversidad de expresiones, según los lugares, las idiosincrasias, y las particularidades históricas. Pretender desconocer esto, podría llevar al Perú por el peligroso camino de la anarquía y la secesión”.
La peruanidad: síntesis viviente forjada por el espíritu católico.
Nuestro Pastor afirmó además que: “podemos decir que, la «peruanidad», que es ese sentimiento de identidad que vincula a los pueblos y a los habitantes del Perú, basado en el afecto hacia sus tradiciones y en la fe a su destino, es una «síntesis viviente verdadera», forjada por el espíritu católico, ciertamente no concluida, que debe afirmarse, completarse y superarse.
“No queremos ciertamente ignorar los grandes problemas nacionales que nos afligen -continuó Monseñor José Antonio-, y que actúan como factores negativos y desintegradores de la “peruanidad”, como son entre otros el racismo, la exclusión de la población indígena, las deficiencias de la educación pública, la mala prestación de los servicios de salud, la fragilidad de nuestras instituciones democráticas, la utilización de la democracia por quienes no creen en ella sino solamente en su ideología o en sus intereses personales o de grupo, la falta de justicia, el aún asfixiante centralismo, la frivolidad y egoísmo de algunos grupos sociales, la corrupción, la inmoralidad pública y privada, el terrorismo, el narcotráfico, la delincuencia, el crimen organizado, hoy en día con influencia internacional en su organización y en sus manifestaciones, como por ejemplo el sicariato, la violencia que sufren los más débiles de la sociedad, especialmente las mujeres y los niños, la pobreza, el desempleo, y la informalidad en la que aún viven muchos peruanos. Estos problemas merecen nuestra urgente atención, porque todos en nuestro corazón, ¡Queremos Patria! Por ello hermanos, ¡Hagamos Patria que aún estamos a tiempo!”