Marino Morikawa: “No existe lo imposible, todo hábitat natural se puede recuperar”.

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Marino Morikawa Sakura es peruano como la papa, dice. Su padre le enseñó a agradecer a la pachamama por tanta riqueza, y se hizo conocido por haber recuperado de la contaminación el humedal El Cascajo, ubicado en Chancay.
Hoy promueve el uso de soluciones tecnológicas, como un robot marino, para la investigación científica y la protección de la madre naturaleza.
Regresó al Perú para cumplir una promesa. Marino vivía en Japón cuando se enteró de que su hermana padecía una grave enfermedad que la tenía postrada en cama. El día que llegó a Lima fue a visitarla.
Al acercarse a su lecho, ella abrió sus ojos, cogió suavemente su mano y lo acercó para recordarle al oído la promesa que habían hecho juntos: dedicarse a recuperar los hábitats naturales, tal como él lo había logrado con el humedal El Cascajo, en Chancay.
Ese pacto entre hermanos selló su relación con la naturaleza. Un vínculo que fue construyendo desde muy niño, como jugando, con su padre, hijo de migrantes japoneses que nació en Huaral, y quien le enseñó a agradecer a las playas, los Andes y selva del Perú, su existencia y belleza. Los saludaba cuando llegaba y se despedía cuando el paseo terminaba.
Soluciones ambientales.
No es raro entonces que este Ph.D en ingeniería ambiental se embarcara en recuperar de la basura, chancherías y aguas repletas de coliformes al humedal de su infancia, El Cascajo, pero también el río Chira, laguna de Paca y una parte del lago Titicaca, la zona más contaminada. Con su equipo de trabajo y el uso de nanotecnología y biotecnología, logró estas hazañas.
Este científico, mezcla de samurái e inca, de persona que no cree en medias tintas, es fiel a sus principios y ama a la pachamama, ha logrado un reconocimiento internacional importante por estas experiencias.
Marino es persistente y no se rinde ante las adversidades, como las amenazas de muerte que recibió de traficantes de tierra que se resisten a la recuperación de las lomas de Lima.
Este activador ambiental sabe que las soluciones deben ser rápidas y efectivas porque el daño a los ecosistemas avanza ante el estupor de la gente. El uso de tecnología, de satélites con inteligencia artificial y avanzados programas, un robot submarino que puede llegar hasta 300 metros de profundidad y líquidos orgánicos que descontaminan, son alternativas eficaces.
No hay imposibles.
Allí, por ejemplo, exhibió al robot submarino. Un vehículo subacuático, equipado con una cámara 4K de ultra alta definición, que puede sumergirse tanto en cuerpos de agua dulce como en el mar, hasta una profundidad máxima de 300 metros.
“Es útil para la investigación científica, tiene sensores infrarrojos que identifican objetos y sirve para efectuar monitoreo. Este y las otras opciones son alternativas que pueden ser adquiridas por gobiernos regionales, municipales y empresas. No existe lo imposible, todo hábitat puede recuperarse con ciencia, población y el Estado”, señala.
Mientras desarrolla una especie de labor evangelizadora promoviendo estos recursos, Marino Morikawa Sakura se ha propuesto, paralelamente, proteger el 30% que queda de las lomas de Lima, con ayuda de las autoridades y vecinas del distrito de Villa María del Triunfo. Ya empezó esta tarea.
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